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Patrimonio industrial a la orilla del mar: acerca de la mina de hierro de Llumeres (Gozón), 150 años de hierro y salitre (y II)

Domingo, 6 de Agosto de 2017 Patrimonio industrial a la orilla del mar: acerca de la mina de hierro de Llumeres (Gozón), 150 años de hierro y salitre (y II)

Siguiendo el hilo que comenzábamos la pasada semana, avanzamos en la historia de las minas de hierro de Llumeres refiriéndonos a su período de apogeo y al cierre: efectivamente, no podíamos olvidar que este año se conmemora el 50 aniversario del abandono de la explotación, propiedad de Duro-Felguera. Abordamos, pues, el período de mayor progreso de la explotación que implicó la ejecución de importantes infraestructuras tales como la construcción del cable aéreo desde Llumeres (Gozón) hasta El Regueral (Carreño), la mejora del transporte marítimo, etc. Tal progreso alcanza su apogeo en 1964 y desemboca en su posterior cierre en 1967, momento en que se emprende el laboreo en otras explotaciones a cielo abierto y se potencie el transporte internacional vía marítima del granel.

Volviendo al punto en que lo dejamos la pasada semana sobre los orígenes de la explotación de minas de Llumeres, nos retrotraemos al año 1919: entonces, tras comprobar la inoperatividad del sistema de transporte por barco y estimando la falta de viabilidad de la implantación del ferrocarril en Gozón, se prevé la construcción de un cable aéreo para llevar el mineral en calderos desde Llumeres hasta la estación del Regueral (Carreño), salvando una distancia de 7,5 km.; allí, sería cargado en el ferrocarril de Carreño que en Aboño empalmaría con el ferrocarril de Langreo. El cable aéreo de Llumeres constaba de 75 unidades de calderos, con una capacidad de 360 hectolitros. Sin embargo, a pesar de que el mineral salía ahora mayoritariamente mediante el cable, los buques siguieron cargando mineral durante varios años creando un sistema mixto de transporte. La zona de talleres, la estación de partida y el cable aéreo se incorporan de esta forma al conjunto arquitectónico de Llumeres a finales de los años veinte.

Salida del cable aéro de Llumeres. Imagen extraida de "Minas de Llumeres: recorriendo la historia, descubriendo un lugar" (2008)

Este nuevo sistema de transporte –cuyas pruebas empezarían en 1922, estando a pleno rendimiento en 1924- y la instalación de nueva maquinaria hará que la producción alcance a final de esta década las 77.000 ton. Un sistema novedoso y una infraestructura notable para la época. Es reseñable destacar el trabajo de investigación sobre las infraestructuras de Llumeres de P. Bartolomé, M. Ortega y B. Goméz con su publicación "Minas de Llumeres: recorriendo la historia, descubriendo un lugar".
 
Proyecto de cable aéreo de Llumeres (Gozón) - El Regueral (Carreño). Imagen extraida de "Minas de Llumeres: recorriendo la historia, descubriendo un lugar (2008)
 
La composición de la plantilla de las minas era heterogénea, desde trabajadores de fuera de Asturias, otros procedentes de las cuencas mineras y finalmente los del concejo de Gozón que eran mayoría. Sin embargo, los trabajadores de Llumeres pertenecían mayoritariamente a la parroquia de Bañugues (casi un 50% del total), diversificado por sexos con los hombres en el interior y las mujeres en el exterior. Debemos hacer mención especial, ensalzando el trabajo de investigación realizado por Lucía Fandos "La mujer trabajadora en el concejo de Gozón (1750-1960)”, obra imprescindible para acercarse a este aspecto tan importante de la cuestión socio-cultural de la Mina de Llumeres. Y es que la mujer en esta explotación tuvo un papel fundamental: entre otras labores, cargaban los calderos del cable aéreo –de 350 kg de capacidad cada- que pasaban con un intervalo de 2 minutos. Esto suponía que una pareja de cargadoras debía de dar 17 paleadas cada una para llenarlo antes de la llegada del siguiente caldero. Debemos valorar en su justo grado, como todo aquel que se refiere al aspecto humano de la historia, el trabajo tan duro que se traslada tras estos frios datos. Condiciones de trabajo incoprensibles que solo llegamos a comprender parcialmente cuando, como ocurre en el libro de Lucia Fandos, ponemos nombres, apellidos y rostro a los protagonistas de aquellos hechos.
Volviendo al sistema del cable aéreo, éste solía tener numerosos problemas en diferentes puntos del trazado sobre todo en las zonas de desniveles. Debido a ésto, los calderos patinaban sobre el eje del cable, perdiendo la tracción, y quedando parados hasta que el que le precedía lo alcanzaba y tras golpearse caían al suelo. Así, desde Llumeres se tenían que mandar cuadrillas hasta estos puntos o, como decían los mineros, ir "a la pollá". Los calderos –de aproximadamente 50kg de peso en vacío- si era posible se volvían a engarchar en la línea, sino eran trasnportados nuevamente a Llumeres con el cargamento de mineral mediante carros tirados por mulas. Muchos de estos servicios vinculados a los calderos también eran realizados por mujeres. Entre 1938 y 1942, a falta de mano de obra masculina, se contrataron hasta 60 mujeres para realizar tareas de este tipo en el exterior de la mina.
Tras la Guerra Civil, en plena autarquía que tanto espoleó el laboreo nacional, Llumeres alcanzó su culmen productivo: se amplió la extensión de la explotación con las concesiones de Monte Merín y ampliaciones en Simancas y Rucao. Se consigue levantar una estación de clasificación de mineral, una máquina cribadora, etc. que favorecieron la salida del mineral mediante el cable aéreo aunque no se abandonó el transporte mediante los vapores. Desde el Regueral, a la vuelta de los calderos a Llumeres, se cargaban éstos de carbón, que también sirvió de pago o jornal a los trabajadores de la mina. Cuando se iba "a la pollá", en este caso, cuando eran los calderos de vuelta los que caían, se convertía en una carrera de los vecinos de las zonas colindantes por alcanzar aquel carbón que había caído al suelo, antes de que los retenes que procedían de la mina llegaran.
Este aumento en las extracciones y la demanda internacional provocó la recuperación del proyecto sobre la instalación del trasnporte por ferrocarril. De esta forma, en 1946, como ampliación de la línea de Carreño, el alcalde de Gozón presenta una solicitud para la construcción de un ferrocarril desde las minas de Llumeres, pasando por Luanco y enlazando con el de Carreño. Se solicitaba que el estado abonase el 30% del total del proyecto y del montante restante se harían cargo el ayuntamiento de Gozón, Duro-Felguera y el Ferrocarril de Carreño. El principal objetivo era sustituir el cable aéreo Llumeres- El Regueral por una vía férrea desde la mina hasta Candás. El proyecto fue redactado por Leonardo García Ovies (ingeniero luanquín) con cocheras en Bañugues y que, saliendo de Llumeres, pasaría por Bañugues, Eres, Nembro, Luanco, Bocines y enlazaría con el de Carreño a la altura de Condres. El trazado hubiera tenido una longitud total de 9.442, 3 estaciones y 2 apeaderos con uso sería mixto para viajeros y transporte de material. Su presupuesto fue de 5 millones de pesetas. Así, hasta 1947, fue pasando trámites administrativos siendo favorables todas las administraciones para a su construcción. Sin embargo, el proyecto nunca se llegó a ejecutar.
 
Imagen de la explotación en 1950. Extraido de "La mujer trabajadora en el concejo de Gozón (1750-1960)
 
En 1943 las concesiones de Minas de Llumeres aumentan a 28 con las ampliaciones de Merín y Simancas. De forma paralela, en 1940 ya se había profundizado hasta los 200m de profundidad (con 3 plantas y 5 m de diámetro) y en 1947, se llegó hasta los 400 m hasta una séptima planta, superando a finales de los años 50, las 100.000 toneladas.
En 1947, el conjunto minero de Llumeres contaba con pozo vertical, lampistería, casa de máquinas, oficinas y casa de aseo, estación de clasificación del mineral, cargadero automatizado, estación de partida del cable y muelle para la carga de los buques. Posteriormente, en la década de los 50, se construyó un gran edificio que hizo las veces de taller y almacen. Así se completa el complejo arquitectónico en su conjunto final. Años, mas tarde, en los años 60 se construyen varios bloques de viviendas para los trabajadores, pero son pocos los que se traslada allí a vivir y finalmente son vendidas a particulares: siguen siendo hoy un elemento llamativo en el paisaje de Bañugues y con un nombre, bien revelado, (“Les cases de la mina”) que ha quedado fosilizado en la toponimia local. La producción de Llumeres estaba llegando a su cénit cuando los picos de mayor salida se producen 2-3 años antes de su cierre, puesto que, en 1964, alcanza  las 120.000 toneladas anuales. Sin embargo, 3 años después la explotación se cierra definitivamente. Las causas del mismo se suelen explicar por varios motivos. Principalmente porque las vetas de extracción se estaban agotando y era necesaria una nueva prospección de importacia que arrojó la necesidad de una gran inversión económica. Ésta, como es evidente, no se acometió. Por otra parte, la apertura de nuevas redes de abastecimiento en el extranjero (sobre todo desde los países en vías de desarrollo) y el aumento exponencial del tonelaje de los buques, reduciendo así los fletes, provocaron el fin del interés por el desarrollo de la nueva explotación. El total producido hasta el momento de su cierre en 1967 fue de 4 millones de toneladas de los que, excepto unas 300.000 t que se exportaron a Inglaterra y Alemania; el resto tuvo como destino los altos hornos de Duro-Felguera, en Langreo.
 
Vista general del estado de las instalaciones. Imagen: Nicolás Alonso
 
Verdaderamente se hace harto complicado hacer una valoración actual del complejo minero sin ser subjetivo. El estado actual de las instalaciones en conjunto –al menos de las que se mantienen en pie- es de abandono absoluto. La gran mayoría de aquellos edificios y/o elementos que formaban parte de la herencia patrimonial que hacía de Llumeres una explotación particular y única en sus formas de extracción de hierro y sobre todo, con su variabilidad de medios de transporte adaptados a las necesidades (muelle, cargaderos, cable aéreo, etc.), se encuentra desaparecida o en proceso de olvido.
 
Estado de la oficina y casa de aseos. Imagen: Nicolás Alonso
 
El complejo del cable aéreo, el pozo vertical, la zona de cargaderos ya es de por si un valor irrecuperable. Aunque aún existen indicios de muchas plataformas en las praderias por donde pasaba la línea y numerosas estructuras abandonadas sin documentar en su totalidad. Pero lo más acuciante es que el conjunto adolece de una correcta planificación para el mantenimiento de las infraestruras que quedan en pie: los talleres, las oficinas y la casa de máquinas que, hasta hace 8 años, mantenía –en el frontón oeste- el emblema "SMDF MINAS DE LLUMERES", hoy caído y con el edificio colapsado. El estado de las zonas portuarias –donde la cabecera del muelle se ha fragmentado y desprendido del brazo del muelle- es preocupante. En la actualidad, el entorno es una mezcla de zona de recreo y baños, pequeño puerto pesquero que convive con los restos abandonados y cubiertos por la maleza.  Extraña sensación la que uno vive al pasear por estas ruinas donde el desarrollismo de otros tiempos se mezcla con el óxido y el abandono.  
 
Muelle de Llumeres. Imagen: Nicolás Alonso
 
Resulta irónico que un conjunto industrial de estas características tan particulares y únicas en Asturias sea tan desconocido por todos. Resulta preocupante como un conjunto histórico de gran magnitud y potencialidad se encuentre en tal estado de abandono y desidia. Resulta que ha pasado medio siglo y solo un aniversario provoca que su historia, como siempre, nos sorprenda tanto al ser olvidada. Los hombres y mujeres que volcaron su vida en aquellos acantilados fueron testimonio de todo ello. Hoy solo quedan los restos patrimoniales de aquella historia y el salitre que los cubre. Muy fino es el hilo del olvido.  Y muy necesario contribuir a su conocimiento, del que se deducirá valoración y quizás, recuperación social. 

 

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