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La fiesta de Santa Bárbara en las minas de Aller 1883-1900 (I)

Sábado, 6 de Diciembre de 2014 La fiesta de Santa Bárbara en las minas de Aller 1883-1900 (I)

Como cada año con la llegada de diciembre, las cuencas mineras se visten de fiesta en honor a Santa Bárbara, su patrona, y rinden homenaje con diversos actos a los mineros fallecidos. Por ese motivo, os traemos hoy a nuestro espacio la primera parte del artículo realizado por la historiadora mierense y documentalista del Museo del Ferrocarril de Gijón, Nuria Vila Álvarez, a quien agradecemos su colaboración, en el que nos habla sobre la festividad de Santa Bárbara en las Minas de Aller y la evolución de esta celebración.

Cuando escribo este texto, mala costumbre de entregar los trabajos apurando el plazo hasta el último momento, los mineros asturianos y leoneses marchan juntos hacia Madrid para pedir que se cumplan los acuerdos alcanzados sobre el cierre de las minas. En la megafonía, según refiere la prensa, se escucha la canción “Santa Bárbara Bendita” y en algunas localidades mineras como Ciñera (León) se les recibe con una imagen de la Santa en la plaza del pueblo como símbolo inequívoco de que se está en una comunidad minera. Nunca con tanta fuerza la patrona de la minería estuvo presente en la reivindicación y en la lucha. Bien al contrario, desde los años noventa del siglo XIX hasta los inicios del siglo XXI, Santa Bárbara tuvo diferentes formas de celebrarse y percibirse, desde la pequeña celebración corporativa, sólo entre cuadrillas de mineros, pasando por la fiesta de la empresa, la fiesta de toda la comunidad durante el Franquismo, los actos del día de la Patrona en los diferentes pozos de la empresa HUNOSA hasta la recuperación como referente identitario en Mieres a principios del siglo XXI, pero nunca la santa tuvo un simbolismo reivindicativo tan fuerte como en este momento.

A lo largo de estas pocas páginas sólo me detendré en explicar el origen y primer desarrollo de la fiesta como celebración patronal, organizada por las Minas de Aller, con base territorial en el Coto de Comillas, desde la primera Santa Bárbara en 1891, hasta la muerte del segundo Marqués de Comillas en 1925. 

A través de la fiesta de Santa Bárbara, es posible ver evolucionar no sólo las diferentes fases de gestión de la Empresa, o cómo se adapta al territorio en el que se implanta en todos los sentidos: político, social, económico, etc.…. Más aún, año a año La santa Bárbara de las Minas de Aller muestra la evolución de la “cuestión social” desde su planteamiento de armonía social y obligación moral del capital para con los trabajadores, a finales del siglo XIX, hasta la concepción beligerante del catolicismo social en la década de los diez del siglo XX. Es posible ver cómo el sermón se troca en mitin, la procesión de las fuerzas del trabajo en manifestación de falanges de paladines de la fe y el prau de la romería en campo del honor.

En el espacio temporal analizado (1883–1925) es posible distinguir, al menos, tres períodos distintos en el modo de plantear la celebración y por tanto, de dotar de sentido la Santa Bárbara en las Minas de Aller. Fases que reflejan una clara evolución en las formas de presentar y representar las doctrinas, prácticas y estrategias de la Empresa en el marco global de la concepción de un orden social de base moral católica, tal como lo entendía el propietario de la Hullera, Claudio López Bru, segundo Marqués de Comillas y las estrategias de adaptación de esta doctrina social a las circunstancias cambiantes del entorno social y político.

Manifestación del Sindicato Católico de Mineros de Asturias. Fotografía facilitada por Nuria Vila.

1883-1891. “LAS INSTITUCIONES A FAVOR DEL PERSONAL”. EL PATRÓN PONE LA FIESTA

Tomando como fecha de referencia de partida 1883, cuando el primer Marqués de Comillas se hace con las propiedades de la sociedad La Montañesa y crea la empresa Minas de Aller, y 1891, año en el que se formula el programa de beneficios sociales de la Compañía y se celebra la primera fiesta de Santa Bárbara; entre estos dos hechos transcurre un período en el que el esfuerzo por parte de la Compañía se dirige a conseguir la implantación hegemónica en el territorio que explota. La negociación con las élites y vecindario locales fue un tira y afloja constante como demuestra el hecho de que, en este tiempo, la Empresa respetase casi todas las fiestas patronales de la zona, incluido el Carnaval, aunque fuesen en perjuicio de sus intereses, para evitar una dinámica de constante enfrentamiento que hubiese impedido el desarrollo del programa de administración de “su territorio” que ya tenían en mente. El conflicto con los párrocos por el descanso dominical del año 1887 fue el punto culminante de la tensa relación con los poderes locales. Los problemas con la mano de obra también fueron muchos, desde la primera huelga de contratistas y obreros ante el cambio de propiedad de las minas en 1883 a la del primero de mayo de 1890. En 1891, como solución perfecta a todos sus problemas, la Empresa intentó controlar administrativamente el territorio que explotaba, con la creación de un Ayuntamiento Minero que agrupase las parroquias en las que tenía propiedades, pertenecientes a tres concejos diferentes: Aller, Lena y Mieres. Proyecto que fracasó; así las cosas, la Compañía formula su propio programa administrativo, político, educativo y asistencial. A finales del año 1891, el Director de las minas, el ingeniero Félix Parent, presentó a la Compañía sus llamadas “Institutions en faveur du personnel”; conjunto de realizaciones que iban desde la vivienda o las escuelas hasta el calendario festivo, y a través de las cuales se vehiculaba socialmente una administración de base moral en el marco territorial de la Empresa. Precisamente, en diciembre de ese año se celebró la primera fiesta de Santa Bárbara costeada y organizada por las Minas de Aller para sus trabajadores. La fiesta del año 1891, contenía en su desarrollo una trama simbólica de sobra conocida por todos los implicados en ella: actos religiosos y fiesta profana, como cualquier otra fiesta patronal. Este primer año destaca el que podría denominarse carácter didáctico y propagandístico: El sermón hacía hincapié en las cuestiones del catolicismo social, cuáles habían de ser las relaciones entre las distintas fuerzas e inteligencias que componían el mundo del trabajo, el orden moral católico como único válido para neutralizar las fuerzas de desorden social que había introducido el capitalismo. Así mismo, en los actos de reparto de premios y beneficios, por una parte, se evidenciaba la obra de la empresa para con aquellos trabajadores que respetaban la disciplina con el sorteo de una vivienda, y por otra, con el reparto de pan a los pobres de las localidades del Coto se ponía de manifiesto su imbricación en el territorio.

Un grupo de mineros porta a su patrona, Santa Bárbara durante las festividades de diciembre de 1968. Fotografía de David Zabaleta Carballo (Grisú WorkWear) extraída del grupo de facebook "Bustiello Archivo fotográfico y más".

1892-1901. SOCIEDAD HULLERA ESPAÑOLA SE PONE DE LARGO EL DÍA DE LA PATRONA

Una vez formulado el programa de la Empresa a través de las “Instituciones en favor del personal” se comenzó con celeridad a ponerlo en marcha y difundirlo entre los trabajadores. En 1892 se constituyó la empresa como Sociedad Hullera Española, con domicilio social en Barcelona, con el primo del Marqués, Santiago López, como gerente de la misma. A partir esta fecha y hasta el final de la década, la Empresa reforzó su labor de difusión, propaganda e inmersión, desde una posición de hegemonía, en el entramado económico, empresarial, social y político asturiano; Al tiempo que iba poniendo en marcha las instituciones para implementar la relación de dependencia de los trabajadores con respecto de la Compañía.

La celebración de la fiesta de Santa Bárbara de este año fue profusamente difundida en la prensa conservadora como demostración palpable de la benéfica obra del Marqués para con sus obreros, dejando muy claro que era la Empresa quien sufragaba todos los gastos de la celebración. Ninguna otra compañía minera había dado ese carácter a la Patrona. Hasta entonces eran los contratistas quienes con su cuadrilla de obreros tomaban algún dinero del Montepío para una misa, vino y comida el día de la patrona. Las otras empresas mineras se limitaban a la organización de banquetes para los directivos y empleados de más alto rango, misas o actos similares. 

El Director de la Hullera, en contacto con la gerencia, a mediados del mes de noviembre, diseñó el programa y actos del día de Santa Bárbara tanto en su parte religiosa como profana. Si bien la elección de los curas que habrían de pronunciar el panegírico de la Santa y el sermón del día cuatro de diciembre fueron seleccionados por el Agente de Beneficencia de las minas, previa consulta al Arzobispado de Oviedo El programa de la fiesta era idéntico al de cualquier celebración patronal: una parte religiosa y otra profana. La parte religiosa era el momento más solemne y corporativo de la celebración. Los distintos servicios de la empresa se agrupaban bajo sus banderas para iniciar la procesión cívico–religiosa hacia la Iglesia (aún en construcción), donde les esperaban los directivos. La procesión la abrían los niños de las escuelas, seguidos de la banda de música tras la cual se situaban los obreros, después los capataces y empleados y en último lugar el clero y las personalidades invitadas. La misa adquiere su máxima solemnidad con la participación de curas invitados y la actuación del coro y la banda de música de las Minas. La oración panegírico de este año se orientó, por decisión de la Compañía, en términos “católico–sociales”, explicando cuáles habían de ser las relaciones entre el capital y el trabajo para conseguir un beneficio recíproco. Todo ello, desde un planteamiento general que dejase bien a las claras cuál era la posición moral, doctrinal, política y social de la Empresa. Más que dar “lecciones a los obreros” como en la primera fiesta, en esta segunda celebración se busca más hacer brillar la Empresa hacia afuera, mostrar la situación hegemónica de la misma. Los logros obtenidos se muestran en el perfecto orden con que los obreros toman parte en las celebraciones, y en los fastos de las mismas se representa el poder de la Compañía y el programa social que lo garantiza. 

Procesión de Santa Bárbara en Bustiello en diciembre de 1963. Fotografía tomada del grupo de facebook "Bustiello Archivo fotográfico y más"

Tras la función religiosa el cortejo se segregaba para la celebración profana. Los obreros y empleados de más bajo rango daban cuenta con sus familias en el prau de la fiesta de la comida por ellos mismos preparada; mientras el director, ingenieros, jefes de servicio, capataces y contratistas participan de un banquete en el que se invitó a directivos y mandos de las otras empresas de la zona, y cuyo menú fue servido por un restaurante local de fama y, por supuesto, redactado en francés. Por la tarde, juegos y diversiones, tenderetes y puestos de venta, fuegos artificiales y foguera, para las familias obreras y baile de invitación para los directivos. La duración de la fiesta en 1892 fue de tres días, y contó con dos escenarios distintos: Bustiello para los actos del día cuatro y la plaza de la mina de Legalidad en Caborana donde, con música, fuegos y cohetes, tuvo lugar la verbena del día tres y la foguera y baile del día de Santa Barbarina, el cinco de diciembre. La fiesta fue anunciada por todo el Coto, delimitando claramente la zona de influencia de la Compañía:

“Los postes telefónicos desde Ujo a Caborana y desde este punto al grupo de Mariana (7 Km) estaban adornados con vistosos gallardetes y banderolas y todos los edificios pertenecientes a la empresa, que son muchos, ostentaban grandes banderas de colores nacionales”.

“Orden, moralidad y trabajo” era el mensaje que podía leerse en las banderolas, acotando claramente el territorio donde estos tres principios eran garantizados por la Compañía.

A finales del siglo XIX, otras empresas van percibiendo los posibles beneficios de encuadrar a sus trabajadores a través de los actos del día de Santa Bárbara. Así, en 1897 el ingeniero del Grupo Baltasara de Fábrica de Mieres convocó a sus mineros para contribuir en sufragar los gastos de ese día. Se celebró misa solemne en la Iglesia de san Juan en Mieres, centrando el sermón en el tema de la propaganda impía, cuestión que preocupaba sobremanera a los patronos en este momento en el que el Partido Socialista había puesto en marcha una fuerte campaña de propaganda en toda la zona minera.

Los partidos obreros no reconocen la fiesta de Santa Bárbara como propia, sino que ven en ella un momento más para la alienación de los trabajadores que desvían su ahorro colectivo en estos gastos superfluos y perjudiciales y no en lo verdaderamente importante, con la connivencia de las empresas. Así el periódico La Aurora Social en 1899, recoge un comentario crítico sobre la fiesta de los mineros del Fondón en Sama:

“En el Fondón se descuenta para Montepío dos pesetas mensuales,[…] ni un céntimo a las viudas En cambio para celebrar la fiesta de Santa Bárbara se hacen los siguientes gastos: 50 ó 60 pesetas para función religiosa; unos cuantos barriles de aguardiente para el desayuno, dos cuartillo de vino, un bollo y un chorizo para quitar el hambre de todo el año y cinco o seis pesetas a cada obrero que sólo sirven para después de haber bebido bastante ir de taberna en taberna hasta calentar bien los cascos para más tarde darse de palos y puñaladas como sucedió el año pasado. Esto lo acuerdan el capataz y unos cuantos lacayos porque hay que tener en cuenta que en estas minas no toman parte en el Montepío sus dueños”

 

Texto de Nuria Vila Álvarez (Historiadora y documentalista del Museo del Ferrocarril de Gijón)

Comunicación presentada a las XIII Jornadas Internacionales del Patrimonio Industrial “Patrimonio inmaterial e intangible de la industria: artefactos, objetos, saberes y memoria de la industria”. 

 

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